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El primer cable superconductor ya está operativo: revolucionará la distribución de energía

Las autoridades chinas afirman que el primer cable superconductor para la distribución eléctrica urbana tiene 1,2 kilómetros y ya funciona a plena capacidad en el centro urbano de Shanghái.

Estación de donde sale el cable de alimentación superconductor de 35 kV recién instalado. (Shenergy Group)

China acaba de activar 1,2 kilómetros de cable superconductor entre dos subestaciones eléctricas de la ciudad de Shanghái, un hito histórico sin precedentes según sus desarrolladores. Este cable es tan eficiente que sustituye seis cables de cobre convencionales, afirman, gracias a que casi no pierde electricidad. El uso de cables superconductores en la distribución eléctrica ahorraría miles de millones de euros anuales a nivel mundial así como millones de toneladas de CO2 porque aprovecharía casi al máximo la producción energética global.

Por eso este cable superconductor marca un momento crucial en la historia de la distribución eléctrica. El cable de 35 kV es el más largo de su tipo en el mundo y ha sido instalado en el núcleo urbano de una de las ciudades más densamente pobladas del planeta, con casi 30 millones de habitantes.

El cable —que utiliza nitrógeno líquido para mantener las bajas temperaturas necesarias para conseguir la superconductividad— ha sido instalado en conductos subterráneos convencionales y su capacidad para transportar este nivel de voltaje con una eficiencia casi total lo convierten en un modelo para futuras implementaciones urbanas de superconductores, afirman sus inventores.

Pérdidas mínimas de energía

Huang Chongqi —miembro de la Academia China de Ingeniería, experto en cables superconductores e ingeniero senior en el Instituto de Investigación de Cables Eléctricos de Shanghái (SECRI)— asegura que «si los cables superconductores se utilizasen a nivel global se resolverán los problemas de alta densidad eléctrica y espacio limitado en superciudades como Shanghái», pero si esta tecnología pudiera bajar su coste y llegar a las redes de alta tensión, su potencial para la humanidad será incalculable. La razón es que la superconductividad transmite electricidad con pérdidas mínimas. Al reducir la resistencia de los materiales a casi cero la eficiencia de transmisión se dispara: Un solo cable superconductor puede reemplazar de cuatro a seis cables convencionales en el mismo nivel de voltaje, lo que representa un ahorro de aproximadamente el 70% del espacio en tuberías subterráneas.

La ciudad de Shanghai, una de las más densas del planeta. (EFE EPA ALEX PLAVEVSKI)

Instalación en cualquier parte

El cable superconductor une dos subestaciones de 220 kV en el Distrito de Xuhui, en el centro de Shanghái. Con una longitud total de 1,2 kilómetros y una intensidad de corriente de 2.200 amperios, sus inventores dicen que su sistema no solo es un logro de la ingeniería eléctrica, sino también un modelo para la integración de estas tecnologías avanzadas en infraestructuras urbanas existentes.

Lo han instalado después de dos décadas de investigación y desarrollo por parte de los ingenieros de SECRI y el grupo de cableado chino Shenergy. Según sus desarrolladores, otro de los objetivos era reducir el coste de este tipo de cables para hacerlos efectivos en su explotación comercial. “El diseño propio ayudó a reducir el costo de los materiales superconductores, que antes eran monopolizados por países extranjeros, en casi dos tercios», afirma Huang.

El equipo de SECRI dice que superó grandes desafíos técnicos, como la detección y aislamiento de señales eléctricas débiles en el sistema de cable superconductor. Estos esfuerzos, aseguran, han mejorado la capacidad de establecer estándares en este campo y han colocado a China en una posición de liderazgo en la tecnología de cables superconductores a nivel internacional. Esto se añade al hecho de que China es hoy en día uno de los principales fabricantes de transformadores y equipo eléctrico industrial del mundo.

Planes de futuro

El éxito de este proyecto piloto en Shanghái ha llevado a sus desarrolladores a anunciar que ya trabajan en cables de 5 y 10 kilómetros. Su objetivo es una transición progresiva a la tecnología de transmisión de energía superconductora en centros urbanos para poder servir las necesidades eléctricas limitadas por los tubos existentes.

Su otro objetivo es dejar de depender de otros países, como dice Zong Xihua, subdirector de ingeniería de SECRI: «Antes importamos todos los cables de alta tensión, pero luego los de producción nacional empezaron a ponerse al día. Ahora, hemos tomado la delantera a nivel mundial en la tecnología de transmisión de energía superconductora gracias a dos décadas de esfuerzos de investigación y desarrollo».

Lógicamente, la implantación global en grandes redes de distribución de larga distancia dependerá del abaratamiento de los costes. Para eso, quizás habrá que esperar a que se consiga el santo grial de la electricidad: La superconductividad a temperatura ambiente que hasta ahora se ha demostrado como (¿casi?) imposible.

Fuente: elconfidencial.com

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