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14 octubre, 2011

Brasil: Construcción de hidroeléctrica Belo Monte 11,200MW queda suspendida

Represa Belo MonteJuez determinó que obra afectará recursos ictiológicos vitales para poblaciones ribereñas.

 

Un juez del estado de Pará, norte de Brasil, ordenó la paralización de la construcción de la represa Belo Monte, en el río Xingú, por sus efectos negativos sobre la pesca artesanal en la región.

 

El magistrado federal Carlos Eduardo Castro Martins prohibió el 29 de setiembre al Consorcio Norte Energia, encargado de la construcción de la represa, alterar el río con “la implantación de puerto, explosiones, implantación de diques, excavación de canales, en fin, cualquier obra que interfiera con el curso natural del río Xingú con una consecuente alteración de la fauna ictiológica”.

 

Castro Martins dio la razón a la Asociación de Criadores y Exportadores de Peces Ornamentales de Altamira, que presentó la denuncia señalando que las obras de la represa pueden provocar la extinción de las principales especies de peces en esa región. Sin embargo, la empresa puede presentar una apelación.

 

“No es razonable permitir que innumerables familias, cuyo sustento depende exclusivamente de la pesca de peces ornamentales realizada en el río Xingú, sean afectadas directamente por las obras de la hidroeléctrica”, manifestó el juez.

 

Belo Monte, que se convertiría en la tercera hidroeléctrica más grande del mundo después de Tres Gargantas en China e Itaipú compartida por Brasil y Paraguay, con 11,200 MW de potencia y un costo de US$11 millardos, es pieza clave para el desarrollo energético del país.

 

La ministra de Medio Ambiente, Izabella Teixeira, defendió el proyecto, calificando como “técnicamente incuestionable” la licencia ambiental para su construcción otorgada en abril por el gobierno.

 

Teixeira afirmó en rueda de prensa que “la licencia fue concedida luego que se hicieran todos los estudios técnicos sobre los posibles impactos ambientales del proyecto e incluyó varias recomendaciones cuyo cumplimiento está siendo verificado”.

 

Grupos ambientalistas, indígenas y hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de Estados Americanos, han cuestionado la represa por los enormes impactos que tendrá sobre el medio ambiente y demandado que se lleve a cabo una consulta previa e informada —uno de los pilares del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre pueblos indígenas y tribales— entre las comunidades indígenas que podrían verse afectadas. En la cuenca del río Xingú viven unos 20,000 indígenas pertenecientes a 28 etnias diferentes.

 

“Además de afectar a la pesca de forma dramática, destruiría enormes extensiones de selva de la que depende el bienestar de miles de indígenas, entre ellos algunos indígenas aislados”, señaló en un comunicado Survival International, organización defensora de los derechos de los pueblos indígenas, agregando que “los indígenas no han dado su consentimiento a la construcción de la represa y han advertido que, si el proyecto sigue adelante, el Xingú podría convertirse en un ‘río de sangre’”.

 

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