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Cómo dejar que la India siga creciendo sin cargarnos el planeta

El país está haciendo grandes esfuerzos para aumentar su cuota renovable, pero su economía emergente demanda más energía y más rápido. Para que pueda seguir su avance, los países ricos deberán compensar el pasado y reducir aún más sus emisiones.

 

En la llana región del este de Karnataka (la India), en el interior del subcontinente indio, el Parque Solar Pavagada no destaca mucho a la vista. Pero cuando se deja ver tras un pueblecito polvoriento, de repente, está por todas partes. Unos paneles solares de color gris opaco se despliegan en todas las direcciones desde las alambradas que bordean la carretera, formando una ciudad de silicio que se extiende a lo largo de 52 kilómetros cuadrados.


 

Cuando esté terminado, este proyecto de más de casi 2.300 millones de euros situado a tres horas al norte de Bangalore (la India), será uno de los parques solares más grandes del mundo. Sus millones de paneles serán capaces de producir dos gigavatios de electricidad en esta parte soleada de la India, el equivalente a dos grandes centrales nucleares.

 

Y el país tiene, como mínimo otros dos parques solares en construcción que prometen ser aún mayores: un proyecto de cinco gigavatios en el estado de Gujarat y uno de 2,3 gigavatios en Rajasthan (ambos en la India).

 

Recientemente, la India ha terminado o aprobado docenas de gigantes proyectos de energía solar y eólica, casi duplicando su capacidad de energías renovables desde 2015. Durante los últimos dos años, fue el mayor constructor de proyectos de energía solar en el planeta después de China. En total, cuenta con alrededor de 75 gigavatios instalados de energía solar, eólica y de otras fuentes renovables, y más de 45 gigavatios en construcción.

 

En 2015, las autoridades gubernamentales anunciaron sus planes de cuadruplicar la capacidad de las energías renovables, con un objetivo de 175 gigavatios para 2022. A finales de ese año, bajo el Acuerdo climático de París (Francia), la India se comprometió a producir el 40 % de su electricidad con fuentes limpias y reducir la intensidad de emisión (el nivel de dióxido de carbono emitido por unidad de PIB) a un 33 % como mínimo por debajo de los niveles en 2005 para 2030.

 

Foto: Una turbina de Suzlon Energy que opera en el proyecto eólico Veerabhadra de ReNew Power en Andhra Pradesh. Crédito: Saumya Khandelwal

 

La India se ha convertido en un brillante caso de estudio sobre la rapidez con la que se puede aumentar la generación de energía renovable con inversión y el apoyo del Gobierno, incluso en un país profundamente pobre. Pero también destaca el hecho de que añadir energía limpia y reducir las emisiones no es lo mismo.

 

Para que la India logre lo segundo, la energía limpia debería reemplazar (no simplemente aumentar) al carbón, que actualmente genera casi el 55 % de la electricidad del país. Y eso no ocurrirá pronto en una de las economías de mayor crecimiento y urbanización más rápida del mundo.

 

El PIB de la India podría más que quintuplicarse para 2040 y su demanda de energía podría aumentar a más del doble, según la Agencia Internacional de Energía (AIE). Eso representaría aproximadamente una cuarta parte del aumento global total durante ese período. Solo las unidades de aire acondicionado podrían multiplicarse por 15, a medida que los ciudadanos mejoren su situación económica y las ciudades se calienten cada vez más.

 

El fundador y director gerente de ReNew Power, Sumant Sinha, cuya empresa de desarrollo de energía eólica y solar realizó varios proyectos dentro del Parque Solar Pavagada, opina: «No importa cuánta energía renovable acumulemos, eso no desplazará a la energía térmica. La realidad es que las emisiones de la India aumentarán considerablemente en el futuro».

 

Hasta el 90 % de los hogares rurales en muchas aldeas aún no tienen cableado, e incluso aquellos que sí lo tienen pueden acceder a la electricidad solo unas pocas horas al día.

 

Las estimaciones varían ampliamente, pero la AIE espera que las emisiones de carbono del sector eléctrico de la India aumenten un 80 % hasta el 2040, incluso con las plantas de generación de energías renovables planificadas. Para entonces, la India podría superar a Estados Unidos como el segundo mayor emisor del mundo, lo que socavaría los esfuerzos para frenar el calentamiento global. Si la India no logra las reducciones necesarias, incluso con sus importantes políticas e inversiones, los países ricos deberán intensificar sus esfuerzos aún más.

 
Impulso al desarrollo

Cuando los debates internacionales sobre la acción climática empezaron hace un par de décadas, la India se aferró a la posición de responsabilidades «comunes pero diferenciadas». Defendía (y con razón) que los países desarrollados, siendo los principales emisores del mundo a lo largo de la historia, tenían la «obligación de actuar primero,» según un análisis del año pasado en el Informe Anual de Medio Ambiente y Recursos.

 

Su postura empezó a cambiar con el último Gobierno, pero el giro más rápido ocurrió después de que el Partido Bharatiya Janata (BJP) del primer ministro Narendra Modi asumiera el poder en 2014. El Gobierno nacionalista vio en las energías renovables una oportunidad para abordar las preocupaciones públicas y políticas que se solapaban, incluida la seguridad energética, el prestigio internacional, la contaminación del aire y el cambio climático (en ese orden más o menos).

 

Al principio, el país se centró en las tarifas reguladas, una herramienta normativa diseñada para impulsar nuevos proyectos a los que garantizaba precios fijos para los productores de energía durante años. Pero su táctica principal actual consiste en que las agencias federales y estatales subasten el derecho de crear una cierta cantidad de nueva generación de energía eólica o solar.

 

Foto: Pranesh Krishna Murthy gestiona una granja familiar al sur de Bangalore (la India). Después de instalar una bomba de agua que funciona con energía solar y el riego por goteo, han podido cultivar más tierras y los cultivos que necesitan más agua como las sandías y los plátanos. Créditos: Saumya Khandelwal

 

Estas subastas han provocado unas agresivas guerras de licitaciones, lo que ha bajado el precio de la generación de energía renovable en el país. Las ofertas solares han alcanzado niveles bajísimos cercanos a los tres céntimos de euro por kilovatio-hora. Esta cifra es similar a las de las grandes granjas solares en Estados Unidos con precios subsidiados.

 

En muchos casos, las empresas patrocinadas por el estado también han creado parques masivos «plug and play» (enchufar y encender). Estas empresas se encargan de adquirir los terrenos y permisos y de solucionar otros problemas en nombre de los desarrolladores de proyectos. «La infraestructura está a su alcance, lo único que tienen que hacer es traer sus paneles, instalarlos y listo», explica la directora general del programa en el Consejo de Energía, Medio Ambiente y Agua de Nueva Delhi (la India), Kanika Chawla.

 

Aparte de esto, el hecho de que el Gobierno implemente los acuerdos de compra de energía a largo plazo entre los generadores de energía y los servicios públicos, ha ayudado a reducir los riesgos, a atraer a los desarrolladores y a reducir los costes de capital.

 

En el caso del Parque Solar de Pavagada, la Corporación Pública de Desarrollo de Energía Solar Karnataka consiguió los terrenos gracias a los contratos de arrendamiento acordados con cerca de 3.000 agricultores locales en Pavagada, un conjunto de aldeas en la parte noreste del estado. Años de sequía habían drenado las llanuras, bajando los niveles freáticos a cientos de metros de profundidad. Casi todos los agricultores de la región, antes conocidos por el cultivo de cacahuetes, ahora dejan sus tierras sin cultivar. Muchos han emigrado a ciudades en expansión como Bangalore o Hyderabad (ambas en la India), de forma estacional o permanente, en busca de trabajo como conserjes, revendedores o clasificadores de residuos.

 

Karnataka Solar acordó pagar a los propietarios alrededor de 270 euros por acre (0,4 hectáreas) anuales por su propiedad rica en sol y pobre en agua, un precio que aumenta un 5 % cada dos años durante un período de 25 años. Eso es aproximadamente tres veces la ganancia en sus mejores años de cultivando cacahuetes, afirma el agrónomo en Bangalore, Seshagiri Rao, originario de Pavagada. Proponer un contrato de arrendamiento en lugar de una venta también favoreció los acuerdos con muchos de los agricultores del área, para quienes era importante conservar estas tierras y mantenerlas como parte de su patrimonio.

 

Seis compañías participaron en las licitaciones para financiar y construir dentro del parque, y entre ellas estaban Fortum, Tata Power y ReNew. Una vez terminado el trabajo de desarrollo, solo hizo falta un período de tres a cuatro meses para poner en marcha cada uno de los tres proyectos de ReNew, destaca el principal ejecutivo de la compañía en Karnataka, K.S. Viswanath. Cuando lo visité a principios de marzo, los montacargas amarillos conducían por el campo nivelado del último bloque de 150 megavatios de esta compañía, dejando palés de paneles solares en filas. Los trabajadores regresaban a los campos a media tarde, después del mayor calor del mediodía. De dos en dos, levantaban los paneles y los atornillaban en su lugar. En aquel momento, el Parque Solar Pavagada estaba terminado al 70 %, llevaba un poco de retraso, pero es probable que el proyecto completo se ponga en marcha a finales del año.

 
El problema de la transmisión
 

La India ha demostrado que un país en desarrollo puede crear energía limpia rápidamente, a costes inferiores a los de las centrales de carbón, mientras sigue expandiendo su economía y creando empleos.

 

«La escala de energías renovables que la India está intentando conseguir en siete años, llevó dos décadas en Alemania. Y ha empezado a hacerlo en una época de desarrollo anterior a la alemana», resalta el director ejecutivo del Consejo sobre Energía, Medio Ambiente y Agua, Arunabha Ghosh. Pero la India no es Alemania. Todavía es probable que pasen décadas antes de que las energías renovables del país comiencen a reemplazar el carbón y reducir las emisiones, dado lo rápido que están creciendo las necesidades de energía y lo difícil que resulta integrar fuentes intermitentes como la eólica y la solar.

 

Hasta la fecha, la India ha estado recogiendo mayoritariamente «frutas de las ramas más bajas» en su transición hacia la energía limpia, pues solo ha añadido energías renovables de bajo coste a la infraestructura existente, opina el experto en política exterior en Brookings (la India) Rahul Tongia. Pero las crecientes cantidades de generación eólica y solar, que fluctúan muchísimo, provocarán cada vez más tensiones en la red de este país.

 

Es algo que ocurre en todas partes, pero en la India, el desafío será particularmente complicado, dado el mal estado de la infraestructura de transmisión y distribución, y el hecho de que el país está construyendo tantos megaproyectos, que pueden encenderse y apagarse al mismo tiempo que se pone el Sol, pasan las nubes, o el viento desaparece.

 

Sobre la integración de esta capacidad de generación tan variable, Rongia y sus colegas concluyeron en un informe de Brookings publicado a finales de 2018 que, los 175 gigavatios objetivo, que representarán casi el 20 % del mix energético, requerirán una mayor coordinación, mejores políticas y mejores líneas de transmisión para intercambiar electricidad entre los estados.

 

Foto: Los trabajadores del Parque Solar Pavagada colocan paneles del proyecto final de ReNew Power en una ubicación de 160 kilómetros cuadrados al este de Karnataka. Créditos: Saumya Khandelwal

 

Pero cortar plenamente las emisiones de carbono de la India exigiría una reforma radical y cara. Supondría desarrollar una red mucho más flexible y moderna; con enormes cantidades de almacenamiento extra y la implementación de reformas en el mercado, como la fijación de precios según la hora del día, que permiten a las empresas de servicios públicos y a los clientes reaccionar rápidamente a los cambios en los niveles de oferta y demanda.

 

Y, por supuesto, también harán falta muchas más plantas de energía renovable o de otras fuentes de energía limpia. Tongia cree que para 2030 la India necesitaría agregar alrededor de 500 gigavatios de capacidad de generación de energías renovables, casi siete veces el total actual, solo para satisfacer el crecimiento de la demanda sin construir nuevas centrales de carbón. Pero, eso simplemente no va a suceder, por lo que el carbón «será esencial para satisfacer la creciente demanda de energía», escribió en un artículo en marzo.

 

Uno de los mayores obstáculos para los avances del país reside en que sus empresas de servicios públicos no pueden pagar las inversiones necesarias. El robo de electricidad es una práctica generalizada, los hogares y los agricultores reciben importantes subvenciones, y las empresas, que pagan tarifas infladas, empiezan a buscar formas de huir del sistema, comprando energía de otros proveedores o creando sus propios proyectos solares.

 

De hecho, las empresas de servicios públicos apenas pueden mantener y con dificultades la infraestructura existente. Se resisten a conectar y dar servicio a áreas donde no van a cubrir sus costes, y apagan la electricidad en momentos en los que los suministros son limitados o simplemente para ahorrar dinero.

 

La primavera pasada, después de un esfuerzo de tres años y una inversión de 2.232 millones de euros del Gobierno para unir las líneas de transmisión en las partes más remotas del país, Modi anunció que «todas las aldeas de la India ya tienen acceso a la electricidad». Pero para el Gobierno este «acceso» está definido bajo criterios muy poco exigentes. Básicamente considera que una aldea tiene acceso siempre y cuando el 10 % de los hogares, y las instituciones como escuelas y hospitales, estuvieran conectados. Eso significa que hasta el 90 % de los hogares rurales de muchas aldeas aún no tienen el cableado, e incluso aquellos que sí lo tienen pueden acceder a la electricidad solo unas pocas horas al día. Al menos decenas de millones de los ciudadanos de la India aún carecen de la electricidad.

 

Es probable que la solución requiera mucha más financiación y una amplia reforma regulatoria, que incluya sanciones para las empresas de servicios públicos que no proporcionan energía y reformas que acerquen los precios a las tasas del mercado. Pero esta última opción es extremadamente impopular en la India, donde la creencia de que el estado debe ofrecer electricidad barata está profundamente arraigada, y se remonta a las primeras promesas de la independencia.

 

Foto: Un panel solar se eleva desde la parte de atrás de la caseta de metal de Ji. Está a solo 10 pasos de un poste de servicios públicos, pero no tiene la documentación necesaria para obtener la electricidad. Créditos: Saumya Khandelwal

 
Fuera de la red

En Halaguru, una pequeña ciudad al sur de Bangalore, un herrero llamado Sidhappa Ji martillea hoces de bordes afilados mientras unos rayos de color naranja chisporrotean desde una caseta de metal caliente a 10 pasos de un poste eléctrico. Pero como no tiene documentos legales para la propiedad, no puede obtener la electricidad, un problema típico de muchos barrios pobres de la India.

 

Selco, una empresa social con sede en Bangalore, ha trabajado en el extremo opuesto del espectro de los parques gigantes, suministrando paneles solares, baterías y otras herramientas a hogares, granjas y empresas en aldeas rurales.

 

Foto: Un herrero en Halaguru, Sidhappa Ji, martilla las hoces de metal, utilizando un soplador de energía solar, provisto por Selco, para avivar el fuego. Créditos: Saumya Khandelwal

 

A través de su fundación, esta organización desarrolla herramientas personalizadas con energía solar para microempresarios, incluido el soplador que Ji usa para avivar su fuego. Esta organización sin ánimo de lucro también ha creado bombas de agua, fotocopiadoras y artefactos para ordeñar ganado que funcionan directamente con los paneles solares y baterías, y está trabajando en máquinas trituradoras para crear polvo de chile, cortadores de chips de plátano y máquinas de arroz inflado.

 

Dada la extensa escala y las redes fragmentadas del país, la energía renovable descentralizada tendrá que desempeñar un papel importante en la electrificación, destaca el director de programas de la Fundación Selco, Pratim Raha. Eso, a su vez, también asegurará que las fuentes de energía limpia puedan formar parte, cuanta más posible, del estimado aumento del consumo de energía en las próximas décadas. Raha lamenta: «Si el discurso es: ‘La red vendrá y resolverá todos los problemas’, eso no es nada bueno para la India».

 
«La carga del ajuste»

Todas las complejidades expuestas hasta ahora se refieren al desafío de reducir la velocidad de las emisiones por la generación de electricidad. La India apenas ha comenzado a limpiar otros sectores contaminantes, como el transporte, la industria y la agricultura.

 

Si este país no logra reducir las emisiones totales antes de 2040, supondrá un peligro global. El organismo que se ocupa del cambio climático en la ONU ha llegado a la conclusión de que el mundo necesita reducir las emisiones de dióxido de carbono en un 45 % sobre los niveles de 2010 para 2030, y eliminarlas por completo a mediados del siglo, para tener una posibilidad decente de evitar un calentamiento de 1,5 ° C. La India es el cuarto emisor más grande del mundo, con un 7 % de las emisiones, detrás de China (27 %), Estados Unidos (15 %) y la Unión Europea (10 %), según el Proyecto Global de Carbono.

 

Pero es muy injusto pedirle a este país que limite su contaminación climática y detenga su crecimiento ahora, dado que los países más ricos han emitido mucho más dióxido de carbono para llegar a donde están hoy en día. Han disfrutado de décadas de crecimiento económico acumulado gracias en gran parte a los combustibles fósiles baratos.

 

El consumo de energía per cápita de la India es de alrededor de una décima parte del de Estados Unidos, e incluso si se duplica para 2030, será solo la mitad de lo que era China en 2015, según un análisis reciente dirigido por el coordinador de la Iniciativa sobre el clima y la energía y medio ambiente en el Centro para la Investigación de Políticas en Nueva Delhi (la India), Navroz Dubash.

 

Todos los análisis señalan que la India necesita consumir más energía solo para proporcionar electricidad de forma confiable a todos sus ciudadanos y sacar a cientos de millones de ellos de la pobreza. Y a medida que los veranos se vuelven cada vez más cálidos, el aire acondicionado dejará de ser un lujo para convertirse una necesidad de salud pública.

 

Dubash afirma: «La India es una sociedad muy pobre y no rica en energía. No defendemos que, por lo tanto, no debamos hacer nada [para reducir las emisiones]. Pero no se puede ignorar eso cuando pensamos en la carga del ajuste, y en cómo debería distribuirse en todo el mundo».

 

En otras palabras, si el mundo realmente espera evitar los peligrosos umbrales de calentamiento, los países más ricos deberán reducir más sus emisiones y más rápido para compensar a los menos desarrollados, o simplemente demasiado empobrecidos para descarbonizarse tan rápidamente. Se podría decir que los países más ricos también deberían ayudar a los más pobres a reducir las emisiones, ya sea proporcionando capital de bajo interés o tecnología subvencionada, o desarrollando soluciones de energía limpia más baratas. Si no quieren hacerlo porque es lo correcto, entonces deberían hacerlo por el interés propio: el cambio climático no reconoce las fronteras.

 
Fuente: technologyreview.es

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