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6 agosto, 2017

La turbulenta corriente histórica de André-Marie Ampère

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André-Marie, el hijo del medio en el matrimonio de Jean-Jacques y Jeanne-Antoinette Ampère, nació el 20 de enero de 1775 en Lyon, la segunda ciudad de Francia, donde ambos lados de la familia habían sido comerciantes de sedas durante varias generaciones. Justo antes del matrimonio Jean había adquirido una finca en Poleymieux-les-Monts-d’Or, un pequeño pueblo en las pintorescas colinas a poca distancia del río Saona. Ese lugar fue utilizado inicialmente como un refugio de verano, y después de 1782 como hogar permanente de la familia. Así, durante los primeros siete años de su vida, André y su hermana mayor Antoinette pudieron disfrutar tanto de la ajetreada vida de la ciudad como de la paz del campo. Tres años después nació la hermana menor, Josephine, quien tuvo un papel relevante en la vida de André.


 

Los intereses de Jean incluían la literatura latina y francesa, así como varias ramas de la ciencia, y siendo un seguidor del filósofo social Rousseau, alentó a su hijo a ser autodidacta leyendo los libros de su amplia biblioteca. Aunque una educación según las directrices planteadas en Emilio podría ser aceptable, hay quienes creen que la disciplina de una escuela formal podría haber tenido una influencia más edificante en el carácter de André.

 

Siendo apenas un niño, André exhibía concentración y memoria prodigiosas. Según Fraile (2006) a los siete años encontró su camino a través de la gran Enciclopedia de Diderot, de veintiocho tomos. Habiéndole sido negado el rigor de la geometría en atención a su temprana edad, según James (2004) él desafió a la autoridad paterna y trabajó por su cuenta la materia iniciando con los Elementos de Euclides. Fue cuando advirtió que la mayoría de los clásicos de la ciencia estaba en latín y que necesitaba entenderlo para poder estudiar las obras de Euler y Bernouilli; y no sólo lo aprendió, sino que lo dominó rápidamente. James cuenta que Ampère seguido leyó la Mecánica Analítica de Lagrange y trabajó todos los cálculos que la obra contiene.

 

Según el mismísimo Ampère, los tres acontecimientos más influyentes en su vida fueron su primera comunión, que lo estableció en la fe de sus padres, el estudio del Elogio de Descartes, que inculcó en él la convicción de la nobleza de una vida dedicada a la ciencia, y la caída de La Bastilla, que definió su inclinación política para el resto su vida: reacio al fanatismo y al militarismo.

 

Los dos primeros años de la Revolución, que condujeron al intento de fuga de la familia real, tuvieron cierta repercusión incluso en Poleymieux, no obstante que al principio Lyon fue ajeno a los excesos que culminaron en el Terror. La ciudad, un bastión monárquico, estaba en manos de los relativamente moderados Girondinos. Jean, el padre de Ampère, asumió las responsabilidades de magistrado y funcionario jurídico del tribunal de policía, pero esto le trajo problemas cuando el gobierno Jacobino en París, apoyado por simpatizantes en el mismo Lyon, tomó el control de la ciudad por la fuerza. Jean fue arrestado y encarcelado, juzgado por haber aprobado una orden de arresto contra uno de los líderes Jacobinos, declarado culpable y prontamente guillotinado el 25 de noviembre de 1793 (Foro Histórico de las Telecomunicaciones).

 

Luego de esta experiencia devastadora, su madre, profundamente religiosa, asumió el control de su educación. Afortunadamente, la propiedad de la familia había sido transferida a nombre de ella, así que al menos una parte estaba protegida de la confiscación. (En la actualidad la casa de Poleymieux, cuya imagen se presenta a continuación, es un museo nacional dedicado a la vida y trabajo de Ampére).

 
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 Un largo período de depresión -durante el cual se ocupó principalmente de estudios botánicos- fue terminado por una relación amorosa con Julie Carron, la hija de una familia local en circunstancias algo similares a las suyas. Después de haberla cortejado asiduamente durante tres años, se casaron en agosto de 1799; el único hijo de la pareja, Jean-Jacques, nació el año siguiente. Para entonces, Ampère había comenzado a publicar sus primeras memorias en matemáticas y éstas llamaron la atención de la muy centralizada comunidad científica francesa. Al mismo tiempo, hizo amistades estrechas y duraderas entre los intelectuales de Lyon. También realizó tutorías privadas de estudiantes de matemáticas y disciplinas afines en las escuelas locales.

 

           En 1802 dejó la ciudad para convertirse en profesor de física y química en la Escuela Central del Departamento de l’Ain en Bourg-en-Bresse, que sería el escenario de la mayor parte de su trabajo científico inicial. Su plan era ganar experiencia docente antes de regresar a Lyon para trabajar en el nuevo Liceo que estaba siendo establecido por Napoleón; mientras, vivía a más de 60 km de Lyon y de su esposa Julie. Desgraciadamente ella murió en 1803 a causa de una enfermedad fulminante, y André debió regresar para asumir el cuidado de su hijo de tres años.

 

           Movido por esta segunda gran tragedia en su vida, Ampère ocupó un puesto en el Liceo de Lyon. Sin embargo, al año siguiente decidió mudarse a París en aras de consolidar su nombre dentro del mundo de la ciencia. Fue nombrado Réptitéur de Análisis en la Escuela Politécnica. Eso significaba que era básicamente un tutor (preparador) para los alumnos del profesor responsable de la cátedra, nada más y nada menos que Augustin Cauchy. Pronto Ampère fue ascendido a profesor de Matemática y Mecánica Analíticas y se le nombró miembro de la Legión de Honor. Según James (2004), su vertiginosa carrera profesional fue origen de intrigas por parte de la comunidad científica en la capital francesa, y esto hizo que él se sintiera arrepentido de haber abandonado Lyon.

 

El período desde 1804, cuando Ampère llegó a París, hasta su muerte en 1836 fue una época de cambios políticos y sociales complejos. Fue testigo de las consecuencias de la coronación de Napoleón como emperador, de sus éxitos militares y de su posterior derrota, de la restauración inicial de Luis XVIII en 1814, del regreso de Napoleón a los Cien Días, de la segunda restauración de 1815 y de la revolución de 1830.

 

           Desafortunadamente su vida privada fue miserable, hasta cierto punto por decisión propia. Un coterráneo de Lyon que también vivía en la capital, Jean-Baptiste Potot, tenía una hija de 26 años que le atrajo irresistiblemente; Jeanne-Françoise, una vanidosa pretenciosa mejor conocida como Jenny. Tan pronto como se casaron y comenzaron a vivir juntos en 1806, ella se distanció de él. El interés de ella en el matrimonio parecía haber sido absolutamente financiero. De hecho, después del nacimiento de su hija Josephine-Albine, a Ampère se le concedió la separación y obtuvo la custodia de la niña. Para cuidar de su familia, convenció a su madre y a su hermana Josephine de que se trasladaran a París, trayendo consigo a su hijo Jean-Jacques con el que tampoco había conseguido llevar una relación fácil.

 

           En 1808 ocupó el cargo de Inspector General de recién constituida la Universidad de París, responsabilidad que mantuvo casi continuamente por el resto el resto de su vida. Entonces encontró sosiego en la labor matemática, llegando a escribir en su correspondencia: “He retomado las matemáticas. Tengo algunas contrariedades al principio, pero cuando supero mi renuencia, ya no quiero dejar los cálculos. Sigo experimentando un gran encanto allí cuando puedo eliminar cualquier otro pensamiento y ocuparme con solo los cálculos, absolutamente solo” (James, 2004).

 

           Sus trabajos como matemático se extienden desde el cálculo de probabilidades hasta la integración de ecuaciones diferenciales en derivadas parciales. Completó así una memoria significativa sobre ecuaciones diferenciales parciales, que presentó a la Academia de París. Cuando la votación sobre su membrecía fue hecha en noviembre de 1814, tuvo tal éxito, que superó a Cauchy. Irónicamente Cauchy estaba apenas en el comienzo de su período más creativo, mientras que Ampère apenas tocó las matemáticas luego, pues se dedicó de lleno a las ciencias naturales. Lamentablemente Ampère carecía de perseverancia; siempre se movía hacia algo nuevo.

 

           Los estudios más completos que logró se refieren a la electricidad. Después de 1820, cuando se conocieron en Francia los experimentos del físico y químico danés Hans Christian Oersted, de súbito Ampère desarrolló la electrodinámica aplicando el cálculo infinitesimal a la electricidad. Él dio la regla que lleva su nombre, así: “Si una corriente lineal dispuesta paralelamente a una aguja imantada es tal que circula aquélla por el conductor entrando por los pies y saliendo por la cabeza de un supuesto observador tendido a lo largo de la corriente y mirando a la aguja imantada, el polo de la aguja que se dirige al Norte se desvía por la acción de la corriente hacia la izquierda del observador.” (Fraile, 2006). También comprobó que un conjunto de espiras paralelas, que él mismo denominó solenoide, se comportaba igual que un imán.

 
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          Ampère interpretó el fenómeno del magnetismo apoyándose en su teoría de la corriente molecular: diminutas e innumerables partículas, cargadas de electricidad, que se mueven dentro del elemento conductor. Sin embargo, los científicos del momento rechazaron esta teoría, que no se dio por válida hasta 60 años después cuando fue justificada por el descubrimiento del electrón (Foro Histórico de las Telecomunicaciones).

 

           La mayor parte de los descubrimientos por los que su nombre es tan famoso los reunió en 1827 en su gran Mémoire sur la théorie mathématique des phénomènes électrodynamiques, uniquement déduite de l’expérience (Memoria sobre la teoría matemática de los fenómenos electrodinámicos, sencillamente deducida de la experiencia). En este trabajo, que ha sido descrito como los Principia de la Electrodinámica, introdujo la importante distinción entre electrostática y corriente eléctrica y entre corriente y tensión, demostrando que los hilos portadores de la corriente ejercen una fuerza el uno sobre el otro y dando una explicación del magnetismo en términos de corrientes eléctricas. Según Fraile (2006), se trata de una admirable construcción lógica y de precisión maravillosa, y cuenta que en opinión de James C. Maxwell, la obra de Ampère es una de las más brillantes que registra la historia de la Ciencia: Tanto la teoría como la experimentación brotaron de un modo asombroso de la mente del que fuera conocido como el Newton de la Electricidad.

 

Ampère era de los que no podía conseguir inspiración estando sentado; prefería ponerse de pie o caminar mientras pensaba, como si el mismo fuese arrastrado por una corriente inestable. En el ocaso de su vida este comportamiento se hizo evidentemente extraño y sus alumnos se burlaban de él por eso. Su estudio estaba abierto a todos, pero a los visitantes les resultaba difícil salir de ahí sin jugar con él una partida de ajedrez. Su trabajo científico era reprochado; entre los académicos, sólo Fourier recibía favorablemente sus teorías. Fuera de Francia la crítica era aún más severa.

 

           En los últimos diez años de su vida Ampère perdió poco a poco el interés por la ciencia. Los problemas financieros debidos en parte a su gasto en instrumentos científicos se convirtieron en una preocupación cotidiana y su hermana Josephine asumió grandes deudas para mantener la casa, mientras que su hijo usó la herencia de su abuela para disfrutar de viajes de placer en el extranjero. Tanto el padre como el hijo eran temperamentales, dados a estallidos de ira intercalados con largos períodos de silencio; les era imposible vivir bajo el mismo techo. No obstante, Jean-Jacques hizo carrera académica en historia literaria, con tal éxito que en 1833 enseñaba literatura extranjera en el Colegio de Francia. Por el contrario Albine, su hija, tuvo un matrimonio tan desgraciado que la llevó a la locura y a su muerte en 1842, seis años después de la muerte de Ampère.

 

Ciertamente después de 1829 los años de la creatividad científica de Ampère habían terminado y su salud comenzó a deteriorarse. Sufría de bronquitis, laringitis, reumatismo y, ocasionalmente, neumonía, que le hacían invernar al sur de Francia. Estaba en Marsella cuando la corriente turbulenta de su vida fue interrumpida por una neumonía el 10 de junio de 1836; sus restos mortales fueron trasladados al cementerio de Montmartre en 1869. En su epitafio decía: “Tandem felix” (Feliz al fin).

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 
(s.f.). Recuperado el 20 de enero de 2017, de Foro Histórico de las Telecomunicaciones: forohistorico.coit.es

Fraile, M. (2006). Genios de la Ingeniería Eléctrica: De la A a la Z. Madrid: Fundación Iberdrola.

James, I. (2004). Remarkable Physicists From Galileo to Yukawa. Nueva York: Cambridge University Press.
 
Fuentes: linkedin.com

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